Sábado 10/09/2016
Hoy he llegado a Japón. En el avión volando hacia la capital de la isla nipona he conocido a 5 ingleses muy majos. Mike y Jack iban a mi lado (yo en ventanilla), Nick iba en el asiento de enfrente y a su lado James y Luke. Han resultado ser fans míos, y la verdad es que me gustaría encontrarme de nuevo con ellos porque nunca me lo había pasado tan bien en un viaje tan largo, y ya he hecho muchos a lo largo de mi vida.
Creo que mis fans nunca me pararán de sorprender, porque en el avión una de las azafatas me comunicó que el aeropuerto en el que íbamos a aterrizar estaba lleno de fans. ¿Cómo lo descubrísteis? Nunca lo sabré, pero una cosa quiero deciros, sois agotadormente maravillosos. Después de dos horas firmando autógrafos y sacándome fotos con vosotros por fin pude llegar al coche que me llevaría a mi casa y sentarme. El chófer era muy majo para ser tan mayor.
Me quedé dormida.
Llegué a casa y lo primero que hice fue abrir las ventanas. ¡Qué de polvo! Casi me muero de un ataque de tos. Dichosa alergia. El caso, tuve que abrir todas las ventanas y limpiar todo el polvo de la casa. Creo que intoxiqué a los vecinos del polvo que salía de casa.
Viendo que aún era temprano me duché y luego desayuné para ir a dar un paseo. No podía estar más tiempo en casa teniendo ese parque a unos pasos de mi casa. No lo puedo evitar, es mi parque favorito, aunque no sea especial por nada.
Y entonces vi a Aomine en el campo de baloncesto. Hacía tiempo que no miraba a Gatito, y quise darle un susto. Y vaya que lo hice. Teníais que haber visto su cara, era muy divertida. Sin querer me quedé dormida en medio del abrazo. Estaba agotada, entre la firma en Zaragoza antes de coger el avión, que llevaba un par de días sin dormir, que estuve dos horas intensas firmando y que luego estuve limpiando toda mi casa (que no es pequeña). No podía con mi alma. Aparte, no me podéis culpar. Los brazos de Aomine son perfectos para dormir, porque como parece una estufa andante y tiene unos brazos enormes (en comparación) son el sitio perfecto para que una se quede dormida.
Aún así la voz de mi vieja amiga Momoi me despertó unas horas después. Doy gracias a que me invitó a comer. Porque si no hubiera muerto de hambre.
En medio de la comida me enteré de que iba a ir al mismo instituto que Aomine y Momoi, pero también de que los chicos fueron tan estúpidos que se separaron y cada uno acabó en un instituto distinto. Son unos mentirosos. Rompieron la promesa que hicimos. Esa de que siempre permaneceríamos juntos aunque yo estuviera en la otra punta del mundo. Y vale, puede que fuera mi culpa. Mi culpa porque gracias a mi móvil suicida (aquel por el cual estuve 3 días sin conectarme cuando estaba en Alemania) perdí todos mis contactos y el único que me sabía de memoria era el del idiota de David. Y también gracias a un gilipollas que me hackeó el portátil perdí mi cuenta de Skype y tuve que hacerme otra cuenta. Y no encontraba a ninguno de los chicos y no tenían Instagram, ni Twitter... ¡Ni nada! Fue una pesadilla. Lloré días. No podía hablar con los chicos que consideraba, y considero, una familia. Fue el peor año de mi vida. Y tal vez por eso comenzaron a separarse, porque no estaba yo ahí para ellos, ni siquiera a través de mensajes o videollamadas...
Pero bueno, dejemos ese tema de lado porque ya lo conté y estaréis aburridos/as de escucharlo. Bueno, en este caso leerlo. ¡Pero eso da igual! Sigamos con lo que estábamos.
El caso es que después de comer me acompañaron a casa y después de quedar para ir juntos al instituto Momoi se fue y me quedé a solas con Aomine en la puerta de mi casa... Me pidió perdón. Joder, me sentí tan mal en ese momento... Juro que tuve que darle un abrazo. Es como un osito de peluche gigante. Amo su olor. No sabría describirlo del todo, pero es una mezcla de chocolate negro y las flores del cerezo del parque que... ufff. No sabéis lo bien que huele.
Lo malo es que mamá me llamó y tuve que despedirme de él. Yo entré a casa y, después de hablar por casi una hora con mamá mientras hacía un tour por toda la casa, me puse a ordenar mi armario y a instalar el ordenador, la PlaySattion 4, la Wii U... Hasta que me dio hambre y bajé a cenar.
Sin duda un día productivo.

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